LEYMORHAR
Chile patria de lo Mapuches, indios que no pueden ser ignorados por lo que ellos representan en sun historia.
Al respecto, acciónchilena.cl señala que Mapuches es elnombre que se dan a sí mismos los indígenas de la raza que los españoles llamaron “Araucana”, deriva de los sustantivos Mapu que significa tierra, país, el territorio de la nación propia, la Patria, y Che que significa persona, gente, cada uno de los miembros de la nación. Mapuche, de esta manera, significa gente del país, paisano, compatriota.
De acuerdo a versiones de algunos antropólogos modernos, la denominación Mapuche tenía una connotación similar a la que se daban a sí mismos los pueblos arios de Europa, como Deutche, Tuata y Tota de los germanos, los celtas y los itálicos, que significa “la totalidad”, “todos los hombres”, implicando que sólo los miembros de la propia nación son completa y perfectamente humanos, y los demás lo son solamente a medias.
Todavía no existen conclusiones definitivas acerca de la llegada y evolución específica de la nación mapuche y su cultura en el vasto territorio que abarca la mayor parte de Chile y del centro sur de Argentina.
Las crónicas incaicas hacen referencias a terribles combates sostenidos por los ejércitos de Túpac Inca Yupanqui contra los mapuches de las regiones entre los ríos Aconcagua y Maipo, donde lograron asentarse en forma permanente, así como una expedición muy numerosa que logró penetrar en territorio chileno hasta el río Maule aunque sin tomar posesión real de la tierra. De acuerdo a la crónica del inca Garcilaso de la Vega, las tropas de Túpac Yupanqui sostuvieron una feroz batalla contra los mapuches del sur del río Maule, la que se prolongó por cuatro días de combates incesantes, tras la cual el ejército incaico debió replegarse hacia el norte. Posteriormente se menciona una expedición enviada por el inca Huayna Capac, posiblemente hacia 1525, para reprimir una sublevación mapuche en la región del Mapocho.
Los cronistas incaico-hispánicos Huamán Poma y el inca Garcilaso de la Vega refieren que antes de esa insurrección los conquistadores del Cusco habían instalado algunas colonias bien organizadas y protegidas por guarniciones y fortalezas en esa región rica en minerales de oro. Además habían trasplantado colonos procedentes de las regiones de Arequipa y Puno, en el actual Perú.
La zona bajo dominio incaico parece haber tenido por frontera sur la fortaleza o pucará de Chena, en las cercanías de Santiago hacia el suroeste.
En un grabado de la época se representa a los guerreros mapuches como individuos de mayor estatura que los peruanos y provistos de armamento y atuendos similares a los mencionados por Alonso de Ercilla en La Araucana; lanzas y macanas o mazas largas, cascos de cuero y chiripá, túnica de cuero o lana que se cruza por entre las piernas, cuyas puntas se anudan a la cintura. También, en la parte superior del grabado, se indica que el gobernador incaico, o Apo, era el capitán Camacinga, octavo funcionario en desempeñar ese cargo. Es decir, puede conjeturarse que la presencia incásica entre los mapuches del norte o picunches (Picun = Norte) databa de entre sesenta y ochenta años.
Ya a la llegada de Pedro de Valdivia era evidente que los mapuches de más al sur se habían distanciado de los picunches por los que llegaron a sentir menosprecio, tanto por haberse sometido a los invasores como por haberse mezclado racialmente con los colonos peruanos.
El nombre de “Araucanos” para referirse a los mapuches que no fueron jamás sometidos, lo emplearon los españoles aplicándolo a los habitantes indígenas desde el río Itata hasta Chiloé. En una de sus cartas al emperador don Carlos V, el conquistador don Pedro de Valdivia menciona específicamente la unidad cultural de los indígenas de toda la Araucanía, desde el Itata al Sur; no obstante, hay evidencias históricas de que el idioma de los mapuches era el mismo, sólo con algunas variaciones locales, desde el río Choapa (actual IV Región de Chile) hasta Chiloé (actual X Región); es decir, desde el territorio de los diaguitas hasta el archipiélago de los chonos.
Se estima que la población mapuche alcanzaba a algo más de un millón de habitantes hacia 1541, fecha de la fundación de Santiago. Si bien eran —como ahora— gente de un raza de poca estatura, los cronistas señalan que en general no eran más bajos que la mayoría de los conquistadores españoles y en cambio eran más altos que los indígenas del Perú. Asimismo, su tez era considerablemente más pálida.
Es célebre la descripción que hace Alonso de Ercilla y Zúñiga sobre los varones mapuches de la región del Bío Bío:
“Son de gestos robustos, desbarbados, bien formados los cuerpos y crecidos, espaldas grandes, pechos levantados, recios miembros de nervios bien fornidos; ágiles, desenvueltos, atrevidos, duros en el trabajo, sufridores de fríos mortales, hambres y calores”.
Los etnólogos argentinos del siglo diecinueve coinciden en que la estatura del hombre mapuche oscilaba entre un metro con sesenta y siete centímetros y un metro con setenta y tres centímetros, y la mujer, más homogéneamente, un metro con cincuenta y cinco centímetros. Coinciden también en destacar su complexión atlética y esbelta, en contraste con los indígenas andinos (quechuas, aymaras, atacameños) más bajos y gruesos. Sus facciones presentan nariz menos achatadas que los andinos, con cráneos redondos, mandíbula fuerte y pómulos no muy levantados, y señalan la existencia de muchas similaridades con los indígenas de raza guaraní.
Según el etnólogo argentino Ramón Subirats, las facciones mapuches son de rasgos más bien delicados y redondeados, y más que a facciones andinas o mogoles recuerdan las facciones europeo-orientales, con ojos de órbitas grandes. El cabello es lacio y negro. Los ojos mayoritariamente castaño oscuros, aunque con regular frecuencia se dan ojos castaños muy claros, amarillentos, o de un particular color azul verdoso, característico únicamente en esa raza.
También los etnólogos franceses y argentinos mencionan como singularidad de los mapuches el que con relativa frecuencia presentaban individuos de apariencia física delicada, generalmente homosexuales, los que eran tratados con deferencia pues se les consideraba privilegiados por los espíritus de la naturaleza y generalmente se dedicaban a los oficios de machi y kalku, es decir, chamanes o sacerdotes, y hechiceros o brujos. Sólo después de la llegada de los españoles esos oficios pasaron a ser desempeñados únicamente por mujeres.
Tradicionalmente, incluso en los tiempos de mayor predominio matriarcal, la familia mapuche tenía un régimen de poligamia, es decir, el varón mapuche solía tomar tantas esposas como su fortuna personal le permitiera y dando preferencia a las hermanas de la primera esposa, la cual mantenía un rango superior y cierta autoridad sobre las demás. De hecho, con frecuencia era la primera esposa la que requería a su marido que tomase más esposas a fin de repartir y alivianar las tareas domésticas y también para hacer gala de bienestar y jerarquía social.
En el seno de la familia se seguía un régimen de modales de gran cortesía y etiqueta rigurosa que evitaba el surgimiento de roces o malquerencias entre las mujeres y preservaba el tono familiar de reserva y buenas maneras. Dentro de la casa o ruca, cada mujer disponía de un ámbito propio que incluía un fogón en el que preparaba separadamente sus comidas y las de sus hijos; además poseía su propia parcela de tierra de cultivo y sus propios animales domésticos.
Debido a esa vasta organización familiar, las antiguas rucas mapuches eran construcciones de gran tamaño, llegando algunas a medir treinta metros de frente por ocho de fondo.
La poligamia actualmente está en desuso no por transformaciones culturales o legales sino simplemente por el empobrecimiento de las familias y, en parte, por influencia de las costumbres de los blancos o wingkas y los misioneros cristianos.
El noviazgo entre jóvenes se basaba desde épocas muy antiguas en el conocimiento y afecto recíproco. El joven visitaba a su novia con frecuencia y se reunía también con ella en ocasiones de fiestas, reuniones sociales y ritos religiosos. El novio solicitaba el permiso de su padre para formalizar la unión, y éste entonces enviaba a un huerkén o embajador formal a casa de los padres de la novia, para solicitarla en matrimonio y acordar la fecha y la dote que el esposo debía entregar a los padres de ella.
Llegado el momento, el novio se presentaba en casa de sus futuros suegros acompañado de su padre y un séquito de otros parientes y amigos, llevando consigo la dote en dinero, animales, productos agrícolas, piezas de tela, platería y adornos. Sólo después de entregada la dote, el novio, ayudado por sus familiares y amigos, construía la nueva ruca a cierta distancia de la de sus padres. Una vez terminada ésta, se realizaba una fiesta en la cual la novia se trasladaba a su nueva casa.
Según algunas versiones, desde la pubertad existía gran libertad sexual entre los mapuches y los varones no tenían como causa de menosprecio el que la novia hubiese tenido ya algún hijo fuera de matrimonio. Alonso de Ercilla, refiere en La Araucana cómo la joven Guacolda convivía con Lautaro y lo acompañaba en sus campañas sin estar casados y mientras aún mantenían una relación muy juvenil, más de amantes que de esposos.
Hasta mediados del siglo XIX todavía solía producirse como alternativa el matrimonio por “rapto”, que generalmente era simulado.
El novio, acompañado de otros jóvenes escogidos entre sus familiares y amigos, secuestraba a la novia que normalmente estaba de acuerdo. Una vez consumada la unión sexual de la pareja, los padres del novio se presentaban en casa de la novia llevando la dote para formalizar el matrimonio. Sin embargo, con cierta frecuencia el rapto era verdadero y contra la voluntad de la joven, lo que traía consigo recias contiendas con muertos y heridos entre los cuales más de una vez el novio se contaba entre los caídos.
Wikipedia agrega, que el nombre mapuche o mapunche significa gente de la tierra en su lengua, con alusión a las personas que reconocen su pertenencia e integración a un territorio. En algunas zonas, se usan ambos términos con leves diferencias de significado.
Se postula que el nombre araucano procede de la palabra quechua awqa, "enemigo", "salvaje" o "rebelde", o de palqu, "silvestre" y les habría sido dado por los incas o por los españoles, y según los cronistas, los incas ya habían denominado como purumauca a la población que habitaba el sur del río Choapa; y los españoles solo adoptaron la denominación auca para referirse a ella. Igualmente se ha postulado que de no ser una palabra quechua, se dice que podría derivar de una castellanización de la palabra mapuche Ragko, "agua gredosa", que los conquistadores habrían usado para los habitantes de un sitio llamado así y que luego se habría extendido a todos los restantes pueblos del área
Los mapuches rechazan el uso de mapuche en plural, por ser un sustantivo colectivo y el del nombre araucano, porque les fue otorgado por sus enemigos. La palabra awka fue adoptada por los mapuche con el significado de librey ellos mismos también la habrían aplicado posteriormente a los tehuelches
Hasta el siglo XVIII, también habría existído entre los integrantes de esta etnia la autodenominación reche (verdadero hombre)
El origen de los mapuches no se conoce con mucha certeza; siendo la teoria más conocida la postulada por Ricardo Latcham, quién afirma que los Mapuche son originarios del actual territorio argentino y que a través de un largo proceso de migración, se habrían introducido como un grupo étnico y cultural foráneo entre los picunches y huilliches, instalándose definitivamente entre los ríos Bío-Bío y Toltén. Hasta hace pocos años la teoría de Latcham parecía no merecer objeciones pero hoy nuevamente está siendo objeto de revisiones y discusiones.
Posteriormente, debido a la presión ejercida por los españoles, y a través de un largo proceso de migración (a través los pasos de la cordillera de los Andes) y transmisión cultural, entre los siglos XVIII y XIX regresaron a los territorios ubicados al este de la Cordillera de los Andes, y araucanizan el Comahue, gran parte de la región pampeana, y el norte de la Patagonia oriental, tierras hasta entonces ocupadas por diversos pueblos no mapuches. De tal modo fueron mapuchizados los pehuenches, los het y las parcialidades septentrionales de los tehuelches;

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