LEYMORHAR
Considerable escritos , declaraciones, protestas, pronunciamientos se han hecho con respecto al aborto. Consideraciones desde el punto de vista legal, médico, moral, ético, religioso y siempre va a estar a la palestra los que están de acuerdo y los que no lo comparten.
Lo importante es determinar la justificación o no justificación de ello, para eso es necesario evaluar las consecuencias, sus repercusiones que de ello se genera. Considérese, que el aborto, cualquiera sea su causa o su finalidad, significa lisa y llanamente la destrucción de una vida humana
Uno es conciente normalmente de sus actos, a la hora de integrarse con una pareja se sabe las consecuencias que ello puede originar producto de las relaciones sexuales, las cuales pueden ser controladas , y determinar cuando se quiere engendrar un nuevo ser, mutuo acuerdo de ambos actores . Al haber mutuo acuerdo ambos son responsables del propducto de ello, por tanto la responsabilidad cae en ambas partes, de ahí, que no puede darse el aborto, lo que sería un vulgar crimen para el ser que aspira nacer. Desde luego existe la situación en el caso que peligra la vida de la madre por una mal formación del ser engendrado y solo puede vivir provocandose un aborto, ello lo determinara la ciencia médica que tan grave es la situación y tomar la decisión correcta.
En un interesante artículo del diario la Nación de Buenos Aires, se expresan aspectos interesantes de considerarse como se tenga presente, que sin vida no hay libertad, no hay derecho, no hay razón humana digna de ser abrazada o considerada. El aborto lleva, en sus entrañas, esa estremecedora capacidad destructiva. Es, en definitiva, la entronización de la nada como objetivo final de una civilización sin alma. El ser humano está dejando de ser el sujeto de una cultura para convertirse cada vez más en un objeto.
Considerese, señala la editorial, que sin vida humana no hay posibilidad alguna de que sean ejercidos los derechos y las libertades naturales que están en la base de cualquier ordenamiento legal o institucional fundado en el respeto a la dignidad de las personas. Esta reflexión irrefutable, con su evidente trasfondo metafísico, resurge de manera espontánea cada vez que se pretende instalar en el debate, por una vía u otra, la problemática del aborto
De las causales que se mencionan como razones para justificar la interrupción de un embarazo, la más controvertible es, sin duda, la del caso en que la gestación de un ser humano aparece como la consecuencia de violación. Si bien la violación es un delito abominable, nada justifica que la culpa por ese acto de barbarie sea pagada por el ser inocente que la madre lleva en sus entrañas.
Los textos que las comisiones han aprobado se apartan en ese punto, de lo dispuesto por el artículo 86 del Código Penal argentino, que sólo considera aborto no punible el que pone fin al embarazo causado por la violación de "una mujer idiota o demente". Los proyectos que se están analizando actualmente disponen, en cambio, que el aborto será no punible en todos los casos de embarazo por violación, pues incorporan la presunción de que, cuando media ese acto de violencia, existe siempre peligro para la salud de la gestante. Al eliminar la referencia a la mujer "idiota o demente", se suprime una discriminación incluida en 1922 por influencia de las teorías racistas entonces en boga que alentaban la idea de eliminar cualquier factor que conspirara, supuestamente, contra el mejoramiento de la "raza humana". Esto aparece, sin duda, como un aporte positivo, pues se elimina un distingo legislativo tan anacrónico como lamentable. Sin embargo, y más allá de ello, sigue en pie el hecho indefendible de que se destruya una vida humana por un delito al que la criatura en gestación ha sido completamente ajena.
En relación al caso del aborto ocasionado para salvar la vida de la madre, para defender su salud, el caso es bastante más complejo y controvertible, pues si bien el aborto continúa siendo condenable en cuanto destruye una vida, en ese supuesto específico se estaría salvando, al mismo tiempo, otra vida humana: la de la madre. El tema aparece aquí, sin duda, como causa o razón de un debate de más dificultosa definición. Desde luego, como lo cité, corresponde a la medicina determinar los efectos.
Definitivamente, Estamos en condiciones inmejorables para poder comprender la naturaleza del problema del aborto. Nuestra fe nos permite percibir de una manera más plena y nos urge a proclamar ante todos la grandeza y dignidad del hombre, cuya vida es un don de Dios, tal y como nos ha mostrado Jesucristo, que es Camino, Verdad y también Vida.

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